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Full text of "Recopilación de las leyes, reglamentos, decretos y demás disposiciones"

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Recopilación 
de las leyes 



Cuba. 




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NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWEDBYTHE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

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RECOPILACIÓN 



DE LAS 



LEYES, REGLAMENTOS, DECRETOS 



Y DEMÁS DISPOSICIONES 



DICTADAS POR EL 



CONSEJO D£ GOBIERNO 



DE LA 



REPÚBLICA DE CUBA 



TOMO I. 



Imprenta "América" 

S. FIGUEROA EDITOR 

284 PEARL sr., NEW YORK 

189 7 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel y il 



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RECOPILACIÓN ?nV 

I 



DE LAS 



LEYES, REGLAMENTOS, DECRETOS 
Y DEMÁS DISPOSICIONES 



DICTADAS POR EL 



CONSEJO DE GOBIERNO 



DE LA 



REPÚBLICA DE CUBA 



TOMO I. 



Imprenta "América" 
S. FIGUEROA EDITOR 

284 PEARL ST., NEW YORK 

189 7 



40 



A LOS CUBANOS 



Un año hace que los representantes del pueblo cubano, levanta- 
do en armas contra la dominación española, se reunieron en el campo 
memorable de Gimaguayú, para declararse independiente de España y 
constituir la República de Cuba. 

Declarando previamente ante la Patria la pureza de sus pensamien- 
tos, juraron la Constitución de la República y constituyeron su Gobier- 
no Supremo. 

Aquella Asamblea Constituyente quiso dejar en nosotros la repre- 
sentación del pueblo cubano, y ante las necesidades de la Patria acep- 
tamos sin ambición ni pretensiones. Cumplir como cubanos y hacer 
cumplir á todos, fué desde entonces nuestro deseo y ha sido nuestra 
constante aspiración. 

Si algo nos faltó por hacer, los dias en que vivimos y las circuns- 
tancias que atravesamos nos servirán de disculpa, y sobre todo, nues- 
tra buena voluntad y el deseo de procurar el bien de la Patria, que nos 
ha animado siempre. 

Como muestra de ello, al llegar esta fecha memorable, hacemos, 
con la publicación de estas Leyes y Acuerdos, la historia de los traba- 
jos realizados, que presentamos á los hermanos que luchan con noso- 
tros en los campos de Cuba y á los que, desde lejos, nos ayudan con 
sus esfuerzos y á nosotros están unidos porque los alienta la misma fé 
y viven con iguales esperanzas. 

Patria y Libertad, Septiembre 16 de 1896, 

EL Consejo de Gobierno. 







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CONSEJO DE GOBIERNO 



DE LA 



REPÚBLICA DE GUBfl 



Presidente C. Salvador Cisneros Betancourt. 

Vice-Presidente Mayor General Bartolomé Massó. 

Secretario de la Guerra Mayor General Carlos Roloff. 

Secretario del Interior , . Dr. Santiago García Cañizares. 

Secretario de Relaciones Exteriores. Ledo. R. Portuondo Tamayo. 

Secretario de Hacienda Ledo. Severo Pina Marin. 



Sub-secretario de la Guerra .... Vacante. 

Sub-secretario del Interior C. Carlos Dubois. 

Sub-secretario Relaciones Exteriores. Vacante. 

Sub-secretario de Hacienda. . . . C. Ernesto Font y Sterling. 



CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA DE CUBA 



CONSTITUCIÓN 



Dp; LA 



REPÚBLICA DE CUBA 



La Revolución por la Independencia y creación de Cuba en Re- 
pública Democrática en su nuevo período de guerra iniciado en 24 de 
febrero último, solemnemente declara la separación de Cuba de la mo- 
narquía española, y su institución como Estado libre é independiente, 
con gobierno propio por autoridad suprema, con el nombre de 

REPÚBLICA DE CUBA, 

y confirma su existencia entre las divisiones políticas de la tierra. Y 
en su nombre, y por delegación que al efecto se han conferido los cu- 
banos en armas, declarando previamente ante la patria la pureza de 
sus pensamientos libres de violencia, de ira ó de prevención, y solo ins- 
pirados en el propósito de interpretar en bien de Cuba los votos popu- 
lares para la institución del régimen y gobierno provisionales de la 
República, los representantes electos de la Revolución en Asamblea 
Constituyente, han pactado ante Cuba y el mundo, con la té de su ho- 
nor empeñado en el cumplimiento, los siguientes artículos de 

CONSTITUCIÓN. 

Artículo i.° — El Gobierno Supremo de la República residirá en 
un Consejo de Gobierno compuesto de un Presidente, un Vicepresi- 
dente y cuatro Secretarios de Estado para el despacho de los asuntos 
de Guerra, de lo Interior, de Relaciones Exteriores y de Hacienda. 

Artículo 2. — Cada Secretario tendrá un Subsecretario de Estado 
para cubrir los casos de vacante. 



10 

Artículo 3. — Serán atribuciones del Consejo de Gobiernp: 

ia Dictar todas las disposiciones relativas á la vida civil y politi 
ca de la Revolución. 

2a Imponer y percibir contribuciones, contraer empréstitos públi- 
cos, emitir papel moneda, invertir los fondos recaudados en la Isla, 
por cualquier título que sean, y los que á título oneroso se obtengan 
en el extranjero. 

3a Conceder patentes de corso, levantar tropas y mantenerlas, 
declarar represalias respecto al enemigo y ratificar tratados. 

4a. Conceder autorización, cuando así lo estime oportuno, para 
someter al Poder Judicial al Presidente y demás miembros del Conse- 
jo, si fuesen acusados. 

5a Resolver las reclamaciones de toda índole, excepto judicial, que 
tienen derecho á presentarles todos los hombres de la Revolución. 

6a. Aprobar la Ley de Organización Militar y Ordenanza del Ejér- 
cito que propondrá el General en Jefe. 

7a Conferirlos grados militares de Coronel en adelante, previo in- 
forme del Jefe Superior inmediato y del General en Jefe, y designar el 
nombramiento de éste último y del Lugarteniente General en caso de 
vacante de ambos. 

8a Ordenar la elección de cuatro representantes por cada Cuerpo 
de Ejército, cada vez que conforme con esta Constitución sea necesaria 
la convocación de Asamblea. 

Artículo 4. Q — El Consejo de Gobierno solamente intervendrá en 
las operaciones militares, cuando á su juicio sea absolutamente necesa- 
rio á la realización de altos fines políticos. 

Artículo 5. — Es requisito para la validez de los acuerdos del Con- 
sejo de Gobierno, el de haber tomado parte en la deliberación los dos 
tercios de los miembros del mismo, cuando menos, y haberse resuelto 
aquellos por voto de la mayoría de los concurrentes. 

Artículo 6 o El cargo de Consejero es incompatible con los de- 
más de la República, y requiere la edad mayor de veinticinco años. 

Artículo 7. ° — El Poder Ejecutivo residirá en el Presidente ó en su 
defecto en el Vicepresidente. 

Artículo 8.° — Los acuerdos del Consejo de Gobierno serán sancio- 
nados y promulgados por el Presidente, quien dispondrá lo necesario 
para su cumplimiento en un término que no excederá de diez días. 

Artículo g.° — El Presidente puede celebrar tratados con la ratifi- 
cación del Consejo de Gobierno. 

Artículo 10. — El Presidente recibirá á los embajadores y expedirá 
sus despachos á todos los funcionarios. 



11 

Artículo ii. — El tratado de paz con España, que ha de tener pre- 
cisamente por base la independencia absoluta de la Isla de Cuba, de- 
berá ser ratificado por el Consejo de Gobierno y la Asamblea de Re- 
presentantes convocada expresamente para ese fin. 

Artículo 12. — El Vicepresidente sustituirá al Presidente en caso 
de vacante. 

Artículo 13. — En caso de resultar vacantes los cargos de Presi- 
dente y Vicepresidente por renuncias, deposición ó muerte de ambos 
ú otra causa, se reunirá una Asamblea de Representantes para la elec- 
ción de los que hayan de desempeñar los cargos vacantes, que interi- 
namente ocuparán los Secretarios de mas edad. 

Artículo 14. — Los Secretarios tomarán parte, con voz y voto, en 
las deliberaciones de los acuerdos de cualquier índole que fueren. 

Artículo 15. — Es atribución de los Secretarios proponer todos los 
empleos de sus respectivos despachos. 

Artículo 16. — Los Subsecretarios sustituirán en los casos de vacan- 
te á los Secretarios de Estado, teniendo entonces voz y voto en las de- 
liberaciones. 

Artículo 17. — Todas las fuerzas armadas de la República y la di- 
rección de las operaciones de la guerra estarán bajo el mando directo 
del General en Jefe, que tendrá á sus órdenes, como segundo en el 
mando, un Lugarteniente General, que lo sustituirá en caso de vacante. 

Artículo 18. — Los funcionarios de cualquier orden que sean, se 
prestarán recíproco auxilio para el cumplimiento de las resoluciones 
del Consejo de Gobierno. 

Artículo 19. — Todos los cubanos están obligados á servir á la 
Revolución con su persona é intereses, según sus aptitudes. 

Artículo 20. — Las fincas y propiedades de cualquier clase, perte- 
neciente á extranjeros, estarán sujetas al pago de impuestos en favor de 
la Revolución, mientras sus respectivos Gobiernos no reconozcan la 
beligerancia de Cuba. 

Artículo 2 1 . — Todas las deudas y compromisos contraidos, desde 
que se inició el actual período de guerra hasta ser promulgada esta 
Constitución, por los Jefes de Cuerpos de Ejércitos en beneficio de la 
Revolución, serán válidos como los que en lo sucesivo corresponde al 
Consejo de Gobierno efectuar. 

Artículo 22. — El Consejo de Gobierno podrá deponer á cualquie- 
ra de sus miembros por causa justificada ajuicio de dos tercios de los 
Consejeros, y dará cuenta en la primera Asamblea que se convo- 
que. 

Artículo 23. — El Poder Judicial procederá con entera indepen- 



12 

dencia de todos los demás : su organización y reglamentación estarán á 
cargo del Consejo de Gobierno. 

Artículo 24. — Esta Constitución regirá en Cuba durante dos años 
á contar desde su promulgación, si antes no termina la guerra de Inde- 
pendencia. Transcurrido este plazo se convocará á Asamblea de Re- 
presentantes que podrá modificarla y procederá á la elección de nuevo 
Consejo de Gobierno, y á la censura del saliente. 

Así lo ha pactado, y en nombre de la República lo ordena la 
Asamblea Constituyente en Jimaguayú á diez y seis de septiembre de 
mil ochocientos noventa y cinco. Y en testimonio firmamos los Re- 
presentantes delegados por el pueblo cubano en armas: Salvador 
Cisneros, Presidente. — Rafael Manduley, Vicepresidente. — Pedro Fi- 
nan de Villegas. — Lope Recio L. — Fermín Valdés Domínguez, — Fran- 
cisco Díaz Silveira. — Dr. Santiago García Cañizares. — Rafael Pérez. — 
J. López Leiva. — Enrique Céspedes. — Marcos Padilla. — Raimundo Sán- 
chez. — J. D. Castillo. — Mariano Sánchez. — Pedro Aguilera. — Rafael 
M. Portuondo. — Orencio Nodarse.—fosé Clemente Vivanco. — Enrique 
Loinaz del Castillo, — Severo Pina. 



LEY PARA EL GOBIERNO CIVIL 

DE LA REPÚBLICA DE CUBA 



LEY PARA EL GOBIERNO CIVIL 



DE LA 



REPÚBLICA DE GUBft 



CAPITULO I. 



DIVISIÓN TEBKITOKIA.L 



Art. i.° — La República de Cuba comprende el territorio que 
ocupa la Isla de Cuba, desde el cabo de San Antonio hasta, la punta 
de Maisí, é islas y cayos adyacentes. 

Art. 2. — Este territorio se dividirá en seis provincias, que se 
denominarán : Oriente, Camagüey, Las Villas ó Cabanacán, Matan- 
zas, Habana y Occidente. 

Art. 3. — La provincia de Oriente comprende desde la punta de 
Maisí hasta la línea que, partiendo en el norte del puerto de Nuevas 
Grandes, desciende por el río Salado y sigue luego por el curso del río 
Jobabo hasta su terminación. 

Art. 4. ° — La provincia de Camagüey tiene por límites : al E. la 
provincia de Oriente, y por el O. la línea que, arrancando en el norte 
de la Laguna Blanca, viene por los Esteros hasta Morón y, pasando 
por Ciego de Avila, sigue por la línea férrea hasta el Júcaro en la cos- 
ta S. 

Art. 5.° — La provincia de Las Vilas tiene por límites: al E. la 
de Camagüey, y al O. el río de La Palma y el Hanábana ó Hatigua- 
nico en todo su curso. 

Art. 6.° — La provincia de Matanzas tiene por límites: al E. la 
de Las Villas, y al O. la línea que, partiendo de Canasí, en el N., ter- 
mina en la desembocadura del río Hatiguanico. 



16 



Art. y.° — La provincia de la Habana tiene por límites: al E. la 
de Matanzas, y al O. la trocha militar que, partiendo de Mariel, en el 
N. , termina en la ensenada de Mayarí en el mar del S. 

Art. 8.° — La provincia de Occidente tiene por límites: al E. la 
de la Habana, extendiéndose por el O. hasta el cabo de San Antonio. 

Art. g.° — Las islas y cayos adyacentes formarán parte de las 
provincias á que geográficamente pertenezcan. 

Art. 10. — La provincia de Oriente queda dividida en diez distri- 
tos, que son: Baracoa, Guantánamo, Sagua de Tánamo, Mayarí, San- 
tiago de Cuba, Holguín, Jiguaní, Manzanillo, Bayamo y Tunas. La 
de Camagüey comprende dos, que son: Nuevitas ó del Este, y Ciego 
de Avila ó del Oeste. La de Las Villas comprende seis, que son: Re- 
medios, Sancti Spíritus, Trinidad, Santa Clara, Sagua y Cienfuegos. 
La de Matanzas comprende cuatro: Colón, Unión, Cárdenas y Matan- 
zas. La de la Habana ocho: Güines, Jaruco, Santa María del Rosario, 
Habana, Santiago de las Vegas, Bejucal, San Antonio y Guanajay. 
La de Occidente cuatro: Bahía Honda, San Cristóbal, Pinar del Río y 
Mantua. 

Art. ii. — Cada uno de estos distritos se dividirán en las Prefec- 
turas que se crea convenientes, y éstas á su vez en cuatro Sub-Prefec- 
turas ó cuartones. 

Art. 12. — Los límites délos distritos serán aprobados por el Con- 
sejo de Gobierno, previo informe del Secretario del Interior; y los de 
las Prefecturas y Sub-Prefecturas por la Secretaría, previo informe de 
los Gobernadores Civiles. Mientras no recaiga esta aprobación, servi- 
rán de límites respectivamente los de los antiguos distritos municipales 
y alcaldías de barrios 

CAPITULO II. 
DEL G O B I E R N O 

Art. 13. — El Secretario del Interior será el Jefe superior del ramo. 
Hará la propuesta de los empleados, y propondrá su separación siem- 
pre que hubiere motivo justificado para ello, pudiendo interinamente 
nombrarlos, ó acordar su separación cuando lo estime conveniente. 

Art. "14.— Tendrá un Jefe de Despacho y los auxiliares que crea 
necesarios para el mejor servicio. 

Art. 15. — El Jefe de Despacho llevará los libros de la Secreta- 
ría, cuidará del Archivo, será el Jefe de las Oficinas y expedirá las cer 
tificaciones que se soliciten. 



17 

Art. 1 6. — Los auxiliares estarán á las inmediatas órdenes del Se- 
cretario del Interior para ayudaren los trabajos de oficina, desempeñar 
los servicios ó comisiones que se les confien, y sustituir interinamente, 
cuando se necesite, al Jefe de Despacho. 

Art. 17. — La Secretaría del Interior formará, con los datos que 
le suministren los Gobernadores Civiles, la Estadística general de la 
República. 

Art. 18. — En cada provincia se nombrará un Gobernador que será 
el Jefe civil de ella ; en cada distrito un Teniente Gobernador ; un Pre- 
fecto en cada Prefectura y un Sub-Prefecto para cada una de las Sub- 
Prefecturas. 

Art. 19. — Para la vigilancia de las costas se nombrará uno ó más 
Inspectores en cada distrito, y los vigilantes que se necesiten según la 
extensión de aquellas y el número de puertos embarcaderos, esteros y 
salinas que hubiese. 

Art. 20 — El Gobernador Civil informará al Secretario del Interior 
acerca de las necesidades de su provincia, y podrá nombrar ó separar 
interinamente, dando cuenta, á todos los empleados que de él depen- 
dan. 

Dictará las medidas é instrucciones necesarias para que se obedez- 
can las leyes generales de la República y las órdenes que emanen del 
Secretario del Interior. 

Repartirá á los Tenientes Gobernadores los artículos de primera 
necesidad y los que le sean entregados con ese objeto. 

Comunicará á los empleados inferiores las instrucciones necesarias 
para la formación de la estadística de la provincia que ha de remitir á 
la Secretaría. 

Art. 21. - El Gobernador Civil tendrá un Secretario y dos auxilia- 
res que le ayuden en el desempeño de sus funciones. 

Art. 22. — Los Tenientes Gobernadores harán cumplir en el te- 
rritorio de su mando las Leyes generales de la República, las órdenes 
que emanen de la Secretaría del Interior y las que reciban del Gober- 
nador Civil de la Provincia. 

Tendrán las atribuciones que se desprenden de su cargo de inter- 
mediarios entre los Gobernadores Civiles y los Prefectos, y en caso de 
vacante ó de incomunicación absoluta con los Gobernadores Civiles, 
tendrán las mismas atribuciones que éstos, pero siempre obligados á 
dar cuenta á su superior inmediato. 

Art. 23 — Los Tenientes Gobernadores podrán tener un Secre- 
tario y un auxiliar siempre que lo necesiten para el mejor cumplimiento 
del servicio. 



18 



Art. 24. — El Prefecto es la Autoridad Superior inmediata de su 
territorio, y todos los vecinos y transeúntes estarán sometidos á esta 
Autoridad, estando él, á su vez, obligado á ayudar á la recta Adminis- 
tración de justicia y en el deber de contener todos los abusos y críme- 
nes que puedan cometerse. 

Debe hacer cumplir las leyes generales de la República y las órde- 
nes que le comuniquen las Autoridades Superiores, é informará á los 
Tenientes Gobernadores acerca de las necesidades de la Prefectura. 

Dividirá el territorio de su mando en cuatro sub- Prefecturas ó 
cuartones, vigilando la conducta del sub-Prefecto que ha de ponerse al 
frente de cada una de ellas, y procurando que haya siempre en ellas el 
número de auxiliares que considere necesarios. 

Repartirá equitativamente entre los sub-Prefectos los artículos 
que se le entreguen, y tendrá las demás atribuciones que se desprenden 
de su carácter de intermediarios entre los Tenientes Gobernadores y 
los sub-Prefectos. 

Iniciará la sumaria de todos los delitos y causas criminales que re- 
sulten en su territorio, pasándolas después de concluidos, como el pre- 
sunto reo ó reos, con todo lo concerniente al sumario, al Teniente 
Gobernador, para que este lo haga al Jefe militar á quien corresponda. 
No procederá así con los espías, prácticos, correos y los demás que 
nuestras leyes declaren ó tengan como traidores, pues éstos, por lo di- 
fícil que es guardarlos presos ó conducirlos con seguridad, serán juz- 
gados inmediatamente que sean hechos prisioneros por un Consejo com- 
puesto de tres personas, las más idóneas que á su juicio hubiere en la 
Prefectura, actuando una como Presidente y las otilas dos como Voca- 
les del Consejo. También nombrará una que actúe como Fisscal, pu- 
diendo el acusado ó acusados nombrar el defensor ó defensores que 
sean de su agrado. Después de reunido el Consejo en esta forma y 
llenadas las demás formalidades, el Tribunal, en privado, fallará y dará 
sentencia, la cual será definitiva y sin apelación; pero bajo la respon- 
sabilidad que se debe exigir por el Gobierno Superior á los que inter- 
vengan en dicho Consejo y se aparten de lo que disponen nuestras 
leyes y la razón natural. Sin embargo, si en el territorio inmediato 
hubiere alguna fuerza armada á esta se remitirán los antecedentes y 
los acusados para que se les juzgue como corresponde. 

No permitirá que ningún individuo de su demarcación esté sin des- 
tino. Hará que todos trabajen, teniendo los medios de labranza nece- 
sarios en proporción á los vecinos que tenga en su territorio ; hará 
proteger y propagar los colmenares, cuidar las estancias abandonadas 
y extender todo lo posible las zonas de cultivo. 



19 

Tan pronto como llegue á conocimiento del Prefecto que en el te- 
rritorio de su demarcación se encuentra el Secretario del Interior ó 
algún Delegado de esta Autoridad, pasará á ponerse á su disposición. 
De igual modo lo hará también cuando llegue el Consejo de Gobierno, 
cualquiera de sus miembros ú otra autoridad superior, así como á las 
fuerzas armadas, presentándose al Jefe de éstas para facilitarle lo que 
necesite y servirle en lo que pueda. 

Facilitará lo necesario para el sostenimiento de todos los vecinos 
de su territorio y especialmente de los artesanos que trabajan en los 
talleres del Estado, de las familias de éstos y de los que pertenecen á 
los individuos de! Ejército Libertador. 

Atenderá con el mayor esmero posible al cuidado de los hospitales 
y enfermerías y á la asistencia de los heridos ó enfermos del Ejército 
cuya curación se haga fuera de estos asilos. 

Vigilará los campamentos ó poblaciones ocupadas por el enemigo, 
avisando á los vecinos y á la fuerza armada más inmeditata tan pronto 
como sepa que su territorio ha sido invadido. 

Recogerá todos los caballos y demás animales útiles, que no per- 
tenezcan al Ejército y los pondrá en lugar seguro para las necesidades 
del servicio. 

Autorizará los matrimonios en la forma prevenida por la Ley de 
Matrimonio y los demás contratos que se celebren entre los vecinos de 
la Prefectura, entendiendo en las demandas ordinarias y en los otorga- 
mientos de poderes y testamentos, haciéndolo constar en un registro 
claro y expresivo, y dando á los interesados los testimonios que pi- 
dieren. 

También llevará un libro de registro civil en el que anotará todos 
los nacimientos y defunciones que ocurran en la Prefectura. 

Hará la estadística de su Prefectura, con expresión de cada per- 
sona que se encuentre en ella, anotando su residencia, estado, edad, 
sexo, procedencia y ocupación : si es agricultor, la labranza que tenga, 
y si no tiene ocupación indicará en la casilla de observaciones para lo 
que pueda ser destinado. 

Art. 25. — Los Sub-Prefectos harán cumplir en el territorio de su 
mando las leyes y disposiciones vigentes y las órdenes que les comuni- 
quen las autoridades superiores. 

Informarán á los Prefectos acerca de las necesidades de la Su-Pre- 
fectura y velarán por la seguridad y el orden público, deteniendo y re- 
mitiendo al Prefecto las personas que transiten sin salvo-conducto. 

No permitirán que se ejecute comisión alguna en desacuerdo con las 
leyes y, para el cumplimiento de las que no se opongan á éstas, exigí- 



20 

rán la autorización firmada por el Jefe civil ó militar que la mande eje- 
cutar. 

Tendrán en depósito el ganado destinado á la matanza, del que en- 
tregarán á la fuerza militar ó autoridades civiles el que necesiten, ha- 
ciendo matar el necesario para las familias de su Sub-Prefectura, no per- 
mitiendo que se sacrifique ganado alguno sino por el auxiliar que de- 
signe para ello y recogiendo todos los cueros de las reses beneficiadas. 
Las vacas paridas y sus crías las repartirán entre los vecinos, para 
que se establezcan vaquerías y fabriquen quesos, cuya tercera parte se 
entregará en la Prefectura para su distribución. 

No permitirán la destrucción de las fincas abandonadas, ya perte- 
nezcan á amigos ó enemigos de la República, dando aviso á los Pre- 
fectos de los que se hallen en ese estado, para el nombramiento de los 
que deben administrarla. 

Cuidará de que todos los vecinos cultiven el terreno necesario 
para atender á sus familias, haciéndolos además trabajar en los predios 
ó estancias del Estado y establecer colmenares, recordándoles y ha- 
ciéndoles cumplir la obligación en que están de prestar cuantos servi- 
cios se necesiten. 

Emplearán en el sostenimiento de las cargas públicas los recursos 
que les proporcionen los Prefectos y cuando éstos no bastaren, re- 
partirán dichos cargos, equitativamente, entre los vecinos. 

Art. 26. — El Prefecto tendrá un Secretario que le auxiliará en sus 
trabajos, llevará los registros y se ocupará del orden y, [conservación 
del archivo. 

Art. 27. — En cada Prefectura habrá el número de auxiliares que 
se crea conveniente para que puedan atender las necesidades del 
servicio. 

Se distribuirán en las Sub-Prefecturas y son sus obligaciones : servir 
de Secretario á los Sub- Prefectos, de prácticos á las faenas ó comisio- 
nes, y de proveedores ; conducir los pliegos, víveres y demás efectos á 
los campamentos, talleres, hospitales y familias que no puedan acudir á 
proveerse á la Sub-Prefectura. 

Servirán igualmente para cuidar del orden en la Prefectura, 
custodiar los presos y formar las escoltas de los Tenientes Goberna- 
dores y del Gobernador Civil y desempeñarán además todas las 
comisiones que le ordenen los Prefectos y Autoridades superiores. 

Art. 28. — Los Inspectores de Cortes vigilarán, recorriendo cons- 
tantemente las costas encomendadas á su inspeción, cuidando^jj^ que 
los vigilantes estén siempre en sus puestos para que se cumpla bien el 
servicio. 



21 



Darán inmediatamente aviso del desembarco de las fuerzas ene- 
migas ó de las expediciones que, para el servicio de Cuba, vengan del 
exterior, facilitando á éstas, cuantos auxilios puedan, para su custodia, 
conducción y salvamento. 

Atenderán con cuidado á las salinas existentes, estableciendo cuan- 
tas puedan, tratando de recoger la sal cuando esté en condiciones, y 
dando aviso de ello al Teniente Gobernador y á los Prefectos inme- 
diatos. 

Atenderán con especial cuidado al puntual servicio de comunica- 
ciones con los pueblos enemigos de la costa, y á las que se establezcan 
con el extranjero. 

Tendrán bajo su inmediato mando un sub-Inspector y cuantos vi- 
gilantes considere convenientes, pudiendo reclamar el auxilio de los 
Prefectos y de las fuerzas armadas, siempre que le considere necesario. 

Art. 29. — El sub-Inspector desempeñará las funciones de Secretario 
y ocupará el puesto de Inspector en sus ausencias ó enfermedades. 

Art. 30. — Los vigilantes de costas reconocerán al Inspector como 
su Jefe superior inmediato, ejercerán su vigilancia en los lugares que se 
les señale, y ejecutarán las órdenes que se les confíen. 

CAPITULO III. 

ADMINISTRACIÓN DE LOS TALLERES 

Art. 31. — Se establecerán en las Prefecturas, donde convengan, 
talleres de armería, de pólvora, herrería, fustes, carpinterías, talabar- 
terías, zapaterías, tenerías, sombrererías, y de cuantas industrias se 
necesiten y puedan establecerse en el territorio de la República. 

Art. 32. — Ingresarán en estos talleres todos los artesanos que 
puedan prestar utilidad en ellos, y los aprendices y auxiliares que se 
crean necesarios para atender bien al servicio. 

Art. 33. — Todos los talleres que existan en la República, y los que 
se establezcan en lo sucesivo, estarán bajo la dependencia del Secre- 
tario del Interior, como Jefe superior del ramo; del Gobernador Civil 
de la Provincia, y del Teniente Gobernador del Distrito. 

Art. 34. — Para la mejor organización y marcha de los talleres se 
creará en cada Distrito un Inspector de talleres, en cada Prefectura un 
Jefe de talleres y tantos maestros de talleres, como sea el número de 
los que se establezcan. 

Art. 35. —El Inspector de talleres reconocerá constantemente 
todos los de su Distrito para enterarse de las necesidades que hubiese 



22 



en ellss, y procurar el modo de remediarlos, y tendrá las atribuciones 
siguientes : 

De acuerdo con los Prefectos establecerá los talleres necesarios en 
los lugares que crea más convenientes, y hará cuanto le sea posible 
para que en cada Prefectura se establezcan los talleres que convengan, 
y tantas tenerías como puedan establecerse. 

Distribuirá, en la forma que crea más conveniente, los artesanos 
que se pongan á su disposición ; podrá cambiar la residencia de los 
maestros, artesanos, aprendices y auxiliares, y hacer que presten sus 
servicios temporalmente fuera de los talleres en que estén inscriptos, 
siempre que lo crea necesario. 

Hará la distribución de los efectos que se le entreguen, exigiendo 
recibo de éstos á los Jefes de talleres, y pidiendo á los Tenientes Go- 
bernadores lo que se necesite para atender debidamente á los talleres 
y hacer que no se interrumpa el trabajo en ellos. 

Propondrá á la Secretaría del Interior, por conducto del Teniente 
Gobernador, los artesanos que reúnan condiciones para ser nombrados 
jefes ó maestros de talleres. Del mismo modo podrá suspender cual- 
quiera de éstos y proponer su cesantía, siempre que hubiere motivo 
justificado para ello. 

Llevará un libro de filiaciones para anotar el nombre y fecha de 
ingresos de todos los artesanos del Distrito, las altas y bajas ocurridas, 
las licencias que disfruten, los servicios extraordinarios que presten, 
y las correcciones que se les impongan. 

Obligará á los Jefes de talleres á presentarle un estado mensual 
de los trabajos realizados en cada uno de éstos; formará con ellos y los 
datos que le suministren los Prefectos, el de todos los del Distrito que, 
con el Visto Bueno del Teniente Gobernador, enviará al Gobernador 
Civil para que haga á su vez el estado general y lo remita á la Secre- 
taría del Interior. 

Art. 36. — El Jefe de talleres será elegido entre los maestros exis- 
tentes en la Prefectura ó el Distrito ; tendrá bajo su inspección inme- 
diata todos los talleres de la Prefectura, siendo el encargado de hacer 
que se cumplan las disposiciones que den el Inspector y los Jefes supe- 
riores, y el responsable de las infracciones que se cometan, por lo 
cual vivirá en ellos, ó tan cerca, que pueda ejercer inspección cons- 
tante y conocer todos los trabajos que se hagan, sin poder ausentarse 
en las horas de trabajo, para estimular con su ejemplo y con su ayuda 
á los que están bajo su mando. 

Serán sus atribuciones : 

Recibir semanalmente los trabajos terminados que le entregarán 



23 

los maestros de talleres, y que á su vez, y mediante recibo, entregará 
al Prefecto, al Inspector ó á quien éste se lo ordene. 

Formar un estado mensual de los trabajos hechos en los talleres de 
la Prefectura, expresando los que quedan en el taller, y los individuos 
á quienes se hayan entregado los salidos de él. 

Hacer al Prefecto ó al Inspector los pedidos que crea convenien- 
tes, para que no se interrumpa el trabajo ni falte nada de lo nece- 
sario. 

Llevar un libro de filiaciones en el que anotará el nombre de todos 
los que presten servicios en los talleres de la Prefectura, con su fecha 
de ingreso y las altas y bajas que ocurran. 

Fijar la tarea diaria de cada uno de los operarios del taller y ano- 
tar en el libro de filiaciones los trabajos ó tareas extraordinarias que le 
indique el maestro. 

Art 37. — El maestro del taller será el superior inmediato de los 
operarios, aprendices y auxiliares de la industria respectiva; vivirá en 
el taller, cuidando de que no salga de él efecto alguno sin la autoriza- 
ción debida, ni se elaboren de otra clase que los correspondientes á su 
ramo y á la clase de su taller Serán además atribuciones suyas : 

Distribuir los trabajos entre los operarios de su taller, cuidando 
de que sean constantes en las horas señaladas para ello, y de que se 
cumpla la tarea impuesta por el jefe del taller 

Diariamente, al terminar las horas de trabajo, recibirá lo hecho 
por los operarios, anotándolo en un cuaderno que deberá tener para 
ese objeto. 

Todos los sábados entregará al jefe del taller los trabajos conclui- 
dos durante la semana, dando cuenta de las tareas extraordinarias 
hechas, para que estos servicios puedan apreciarse como se debe Los 
operarios, aprendices y auxiliares reconocerán al maestro como su su- 
perior inmediato, y darán cumplimiento á todas las órdenes que ema- 
nen de él, ó por su conducto se le comuniquen; trabajando con el en- 
tusiasmo y actividad que debe hacerlo todo cubano que trabaja por el 
bien de su patria y aspirando siempre á hacer servicios extraordinarios 
que demuestren su desinterés y patriotismo. 

Art. 38. — El trabajo comenzará en los talleres á las seis de la ma- 
ñana, suspendiéndolo á las diez para comenzarlo de nuevo á la una y 
terminarlo á las cinco de la tarde. 

Art. 39. — Queda prohibido á los jefes ó maestros de talleres ser- 
vir pedidos de ninguna clase que no se hagan por conducto del Inspec- 
tor, quien responderá de su exacto cumplimiento. 

Art. 40. — Los Prefectos serán responsables de los efectos que re- 



24 



ciban de los jefes de talleres, que solo entregarán por orden del Ins- 
pector ó mediante petición escrita de las autoridades civiles superiores 
ó jefes militares con mando de fuerzas, que al recibir, entregarán el 
correspondiente recibo. Sin embargo, podrán entregarse las armas 
que se dieren á componer, sin más requisito que el recibo, siempre 
que se haga por el mismo que las entregó para su composición. 

Art. 41 — Los Prefectos y sus auxiliares tendrán especial cuidado 
de que no falten en los talleres de su demarcación la madera, hierro, 
alambre, cueros, pita de corojo, cal, carbón y los demás efectos que 
se le pidan para ellos; así como la carne, vianda y sal que necesiten los 
empleados. 

Art, 42. — Queda prohibido terminantemente la entrada en los 
talleres á los individuos que no presten en ellos sus servicios. 

Art. 43. — Ninguno délos artesanos ó empleados que trabajen en 
los talleres del Estado, podrá ausentarse de ellos sin el permiso de su 
jefe, ni salir de la Prefactura sin la autorización escrita del Inspector 
de talleres. 

CAPITULO IV. 

DEL SERVICIO DE COMUNICACIONES 

Art. 44. — El Secretario del Interior será el jefe superior de comu- 
nicaciones de toda la Isla, el Gobernador Civil el jefe de su Provincia 
y el Teniente Gobernador el de su Distrito. 

Art. 45. — Queda establecido el servicio postal entre las Prefectu- 
ras de la República y el de correos entre las poblaciones y las Prefec- 
turas más inmediatas. 

Art. 46 — Para organizar el servicio de postas se creará un Inspec- 
tor para cada Distrito, tantos jefes como casas de postas sean necesa- 
rias y los postillones que se necesiten para cada una de ellas. 

Art. 47. — El Inspector tendrá bajo su dirección á los jefes de 
postas y postillones, recorrerá constantemente las líneas postales que 
haya en su Distrito para hacer que se cumplan las disposiciones dadas, 
correjir las faltas que notare y proponer las modificaciones que crea 
deban hacerse para el mejor servicio. 

Propondrá ala Secretaría del Interior, por conducto del Teniente 
Gobernador, los empleados que convengan y su separación siempre 
que hubiere motivo justificado para ello. 

Organizará el servicio, colocando las casas de postas en los luga- 



25 

res que crea más convenientes para que, con más facilidad y mayor 
rapidez, pueda desempeñarse. 

Fijará la hora reglamentaria para la salida de los postillones y el 
número de estos que debe tener cada casa de postas. Se hará cargo 
de las comunicaciones ó efectos que le entreguen los jefes de postas, 
por ignorar la residencia de los individuos á quienes van destinadas, 
para depositarlas en lugar seguro y enviar una relación de ellas al 
Gobernador Civil y á los periódicos de la Provincia, á fin de que se 
les dé la mayor publicidad. Enviará á la Secretaría del Interior, por 
conducto del Teniente Gobernador, un estado mensual del servicio 
prestado en las líneas postales de su Distrito. 

Llevará un libro de filiaciones para anotar el nombre de todos los 
empleados de postas que estuvieren bajo su dependencia, las altas y 
bajas que ocurran y los servicios extraordinarios que presten. 

Art. 48. — Los jefes de postas tendrán su residencia en las casas 
de postas, de las que no podrán separarse sin verdadera necesidad; 
darán cuenta al Inspector de las faltas que notaren en el servicio y pro- 
curarán no olvidar nunca la importancia del puesto que se les 
confía. 

Recibirán la correspondencia oficial ó particular que se les envié, 
numerándola á medida que las reciban, dando siempre el correspon- 
diente recibo y al firmar las que les entreguen los correos ó postillones 
anotarán en el recibo la hora en que ha sido recibida. 

Entregará al postillón de servicio la correspondencia ó efectos que 
han de conducirse, exijiéndole recibo y dándole en cambio de él una 
relación en que se expresen los efectos que lleva, el lugar á donde se 
destinan y la hora en que se hizo la entrega. Cuidarán de que las 
postas estén bien servidas, teniendo en ellas el número de caballos que 
sean necesarios, cuando éstas no se recorran á pié. 

Harán que los postillones de servicio salgan diariamente á las 
horas señaladas por el jefe de postas, y solo en los casos de urgencia 
ordenarán la saiida de postillones para servicios extraordinarios. 

No recibirán comunicaciones ni paquetes cuya cubierta esté rota ó 
desgastada ó próxima á romperse ó á desgastarse, sin que el que la en- 
tregue haga constar el estado en que lo hace, y á presencia suya, le 
pondrá cubierta nueva sobre la que traiga. Todos los meses entrega- 
rán al Inspector un estado de los servicios realizados en las casas de 
postas que administren. 

No pondrán en circulación ninguna comunicación ó paquete cuya 
dirección no se conozca, conservándolas en depósito para entregarlas 
al Inspector al fin de cada mes. 



26 

Art. 49. — Los postillones serán escogidos entre los hombres que 
haya en la Prefectura que reúnan condiciones para ello, haciéndoles 
comprender la importancia del puesto que van á desempeñar, y procu- 
rando que sean de reconocida honradez y de valor, capaces de conocer 
el servicio que hacen á la patria y de defender lo que á ellos se con- 
fía. Recurrirán diariamente, á las horas señaladas, el trayecto que se 
les indique, no deteniéndose en el camimo, ni apresurando el paso del 
caballo sino en los casos de urgencia que les indicará el jefe de 
postas. 

Dejarán recibo de la correspondencia ó paquetes que se les entre- 
guen, recibiendo en cambio de él una relación firmada que presentarán 
al jefe de postas á quien van destinadas, para que éste firme debajo 
haber recibido. 

Solo entregarán la correspondencia ó paquetes que reciban al jefe 
de postas á quienes van dirijidas. 

Darán cuenta al jefe de postas de todas las novedades que vean ó 
sepan en el camino, cuyo conocimiento pueda ser de utilidad, aunque 
no tengan relación con el servicio especial que les está encomendado. 

Solo podrán desempeñar los servicios de prácticos cuando pa- 
ra ello no tengan que separarse de las líneas de postas que tienen obli- 
gación de recorrer, ni alterar las horas señaladas para el servicio. 

Art. 50. — Las postas se recorrerán de Oriente á Occidente y de 
Norte á Sur y solo en los casos de urgencia se alterará éste orden. 

Art. 51. — Para el servicio de correos se crearán en cada población 
de las ocupadas por el enemigo un Inspector de Correos y tantos jefes 
y conductores como se consideren necesarios. 

Art. 52. — El Inspector de correos será, en la población en que re- 
sida, el Jefe Superior inmediato del ramo; bajo su dirección estarán los 
jefes de correos y conductores y ejercerá su cargo en la misma forma 
que los inspectores de postas. 

Tendrá especial cuidado en la elección de los empleados y en 
mantener todo el secreto posible para más fácilmente burlar la vigilan- 
cia del enemigo. 

Art. 53. — Los Jefes de correos serán considerados como los Jefes 
de postas y procederán con los conductores de correos como aquellos 
con los postillones, dando cuenta siempre de los servicios extraordina- 
rios prestados. 

Art. 54. — Los Conductores de correos serán los encargados de re- 
cibir de los Jefes la correspondencia ó paquetes y sacarlos de las pobla- 
ciones para entregarlos en la Prefectura ó casa de postas más inmediata,, 
y recibirán allí lo que se les entregue para conducir á la población. 



27 

Darán y pedirán recibo al entregar ó recibir la correspondencia ó 
paquetes, y han de portarse siempre como hombres honrados, con as- 
tucia y valor bastantes para vencer las dificultades que puedan presen- 
tarse en el desempeño de su importante y peligrosa misión y dignos de 
ocupar esos destinos de confianza en los que tan valiosos servicios pue- 
den prestar ala patria. 

DISPOSICIÓN FINAL 

Art. 55. — Quedan derogadas todas las disposiciones que se opon- 
gan á lo preceptuado en la presente Ley. 
P. y L- Septiembre 7 de 1896. 

El Secretario del Inferí r, 
Dr. Santiago García Cañizares. 

De conformidad con la presente Ley la sanciono en todas sus par- 
tes. Promulgúese en la forma legal. 
P. y L. Septiembre 9 de 1896. 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancourt. 



LEY PARA LA HACIENDA PUBLICA 

DE LA REPÚBLICA DE CUBA 



LEY PRRf\ Lf\ <Hf\GIE>NDtt PUBL¡Gf\ 

DE LA REPÚBLICA DE CUBA. 



Artículo i.° — Dependen de la Secretaría de Hacienda todos los 
bienes situados en el territorio de la República. En tal virtud debe 
hacerse cargo esta Secretaría de los efectos de cualquier clase que con- 
dujeran á la Isla expediciones procedentes del extranjero. Corres- 
ponde también á ella proponer los empréstitos públicos y las contribu- 
ciones generales. 

Art. 2. 9 — El Secretario de hacienda será el Jefe Superior del ra- 
mo en toda la Isla de Cuba. Por mediación de él, recibirán los subal- 
ternos las órdenes emanadas del Consejo, y serán sus atribuciones: 
Fijar, previo informe de los Administradores, las contribuciones que 
deben abonarse en cada provincia y la forma en que han de hacerse 
efectivas ; proponer los empleados de su ramo y las cesantías de los 
mismos simpre que hubiese motivo justificado para ello; hacer entrega 
al Secretario de la guerra de los efectos que reciba del extranjero; dar 
recibo de los objetos ó cantidades que por cualquier concepo recaude 
para la Hacienda pública, y hacer un balance trimestral, que presentará 
al Consejo, del estado de los fondos de aquella. 

Art. 3. — Para facilitarlos trabajos de la Secretaría se nombrará 
un jefe de despacho, que hará las veces de Interventor general y los 
auxiliares que se crean necesarios; en cada provincia un Administra- 
dor y un Secretario de Administración de Hacienda y por cada Distrito 
un Delegado. 

Art. 4. — El Jefe de Despacho ó Interventor general, tendrá á su 
cargo el archivo de la Secretaría, llevando los libros en la forma co- 
rriente é interviniendo en todas las operaciones de ingresos y egresos 
que deban realizarse. 

Art. 5. — Los Administradores representarán en cada provincia 
al Secretario de Hacienda. Informarán de la riqueza imponible que 



32 



haya en ella, dictarán las medidas necesarias para que se cumplan las. 
disposiciones generales que les comuniquen la Secretaría de Hacienda, 
recaudarán por medio de los Delegados las contribuciones acordadas y 
enviarán, tan pronto como sea posible, á la Secretaría, los fondos re- 
caudados ó los girarán al extranjero, y mensualmente enviarán á la 
Secretaría un estado de las operaciones realizadas. 

Art. 6.° — El Secretario de Administración de Hacienda tendrá á 
su cargo el archivo de su respectiva provincia, llevará los libros en 
forma é intervendrá en las operaciones que el Administrador realice. 

Art. 7. — Los Delegados serán en cada Distrito los recaudadores 
de contribuciones y comisionados para hacer cumplirlas disposiciones 
del Administrador de la Provincia, pudiendo nombrárseles un Sub-De- 
legado y los auxiliares que se estimen necesarios, y estarán facultados 
para solicitar el auxilio de los Prefectos y fuerzas armadas para el más 
fácil desempeño de sus funciones. 

DISPOSICIÓN FINAL 

Art. 8.° — Quedan derogadas todas las disposiciones que se opon- 
gan á lo preceptuado en la presente Ley. 



P. y L. septiembre g de i¡ 



El Secretario de Hacienda, 
Severo Pina. 



De conformidad con la presente Ley la sanciono en todas sus par- 
tes. Promulgúese en la forma legal. 

Septiembre 16 de 1896. 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancourt 



LEY DE MATRIMONIO 



LEY DE MATRIMONIO 



CAPITULO I. 



DISPOSICIONES GENEEALES. 



Articulo i.° — El matrimonio es un contrato, que deberá cele- 
brarse del modo que determina esta Ley. 

Art. 2. — Los matrimonios celebrados en la Isla antes del actual 
estado de guerra, se probarán por las certificaciones de los Registros 
correspondientes y si no fuese posible obtenerlas, se acreditará por 
cualquiera de los medios de prueba admitidos en derecho, y produci- 
rán los efectos civiles señalados en esta Ley con la sola inscripción de 
los mismos en los Registros de la República. 

CAPITULO II. 

DE LA CAPACIDAD DE LOS CONTRAYENTES 

Art. 3.^ — Solo pueden contraer matrimonio los hombres mayores 
de catorce años y las mujeres mayores de doce, siempre que no estén 
legalmente impedidos para ello. 

Art. 4. Q — No podrán contraerlo: 

Primero. — El varón menor de veinte y un años y la hembra me- 
nor de diez y ocho que no hayan obtenido la licencia. 

Segundo. — La mujer mayor de diez y ocho años y menor de veinte 
y uno, que no haya solicitado el consejo de las personas á quienes co_ 
rresponde otorgarlo. 

Tercero. — La viuda durante los trescientos un diassiguientes á la 



36 

muerte de su marido y antes de su alumbramiento si hubiese quedado 
en cinta; y la mujer, cuyo matrimonio hubiese sido declarado nulo, en 
los mismos casos y términos á contar desde su separación y antes de 
obtenida la sentencia. 

Art. 5. — No pueden tampoco contraer matrimonio : 

Primero. — Los que no estuviesen en el pleno ejercicio de su razón 
en la hora de contraer matrimonio. 

Segundo. — Los que adolecieran de impotencia física, absoluta ó 
relativa para la procreación con anterioridad á la celebración del ma- 
trimonio de una manera patente, perpetua é incurable, los que pade- 
cieren enfermedad crónico-contagiosa ó locura. 

Tercero. — Los que se hayen ligados con vínculos matrimoniales. 

Art. 6. ° — Tampoco pueden contraer matrimonio entre sí : 

Primero. — Los ascendientes y descendientes por consanguinidad 
ó afinidad legítima ó natural. 

Segundo.— Los colaterales por consanguinidad ó afinidad legítima 
ó natural hasta el segundo grado. 

Tercero. — Los adúlteros que hubiesen sido condenados por sen- 
tencia. 

Cuarto. — Los que hubiesen sido condenados como autores ó como 
autor y cómplice de la muerte del cónyuge ó de cualquiera de ellos. 

Art. 7. -La licencia exigida en el inciso primero del artículo 4. 
debe ser concedida á los hijos legítimos por el padre; faltando este, 
corresponde otorgarlo por su orden, á la madre, á los abuelos paternos 
y maternos, al tutor y en defecto de todos, á los Prefectos. Los hijos 
naturales reconocidos, podrán obtenerla de quien los reconocieron ó 
sus ascendientes, el tutor, ó el Prefecto por el orden establecido en el . 
párrafo anterior. Los demás ilegítimos, lo obtendrán de las mismas 
personas, cuando fueren legalmente conocidas, ó en defecto del 
Prefecto. 

Art. 8.° — El consejo deberá pedirse solamente al padre ó madre, 
tratándose de hijos legítimos ó naturales reconocidos, y respecto de los 
demás ilegítimos, solamente las madres. Sino lo obtuviesen ó fuese 
desfavorable, no podrá celebrarse hasta seis meses después de hecha la 
petición. 

Art. 9." — Ninguno de los llamados á prestar su consejo ó consen- 
timiento, está obligado á manifestar las razones en que se funda para 
concederlo ó negarlo, ni contra su disenso se da recurso alguno. 

Art. 10. — El gobierno, con justa causa, puede dispensar, á ins- 
tancia de parte, los impedimentos nacidos de afinidad legítima ó natu- 
ral entre colaterales. 



CAPITULO III. 



DE LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO. 

Art. ii. — Los que hubiesen de contraer matrimonio con arreglo 
á esta Ley, presentarán á los Prefectos de la demarcación en que vi- 
van, una declaración firmada en que conste : Primero, los nombres y 
apellidos, edad, profesión, domicilio ó residencia de los contrayentes. 
Segundo, los nombres, apellidos, profesión y domicilio de los padres. 

Acompañarán á estas declaraciones la partida de nacimiento y de 
estado de los contrayentes, la licencia ó consejo si procediere, y la dis- 
pensa si fuese necesaria. Las faltas de estas partidas podrá suplirse 
con certificación de los Prefectos del lugar de su residencia. 

Art. 12. — Si el Prefecto ante quien ha de celebrarse el matrimonio 
no lo fuere á la vez de ambos contrayentes, se presentarán dos decla- 
raciones, una ante el Prefecto de cada uno de los contrayentes, expre- 
sando cual de ellos han elegido para la celebración del matrimonio, 
v en ambas Prefecturas se practicarán las diligencias que se establecen 
en los artículos siguientes. 

Art. 13. — El Prefecto, previa certificación de los pretendientes, 
mandará fijar edictos por espacio de quince días anunciando la preten- 
sión, con todas las indicaciones contenidas en el artículo 1 1, requiriendo 
á los que tuviesen noticias de algún impedimento para que lo de- 
nuncien. 

Art. 14.- Toda persona á cuyo conocimiento llegue la pretensión 
de matrimonio, está obligada á denunciar cualquier impedimento que 
le conste. Hecha la denuncia, formará el Prefecto un expediente 
en averiguación de la verdad, en el que sólo podrán formalizar por sí, 
la oposición, los que tengan interés en impedir el casamiento. 

Art. 15. — Se prescindirá de la publicación de los edictos : 
Primero : en los matrimonios de los militares y empleados en activo 
servicio, fuera del punto en que residan, si presentaren certificación de 
su libertad expedida por el Jefe del Cuerpo á que pertenezcan. 

Segundo : en los matrimonios que se celebren in artículo mortis. 

Art. 16, — Transcurridos los quince días á que se refiere el artículo 
1 3 sin que se haya denunciado ningún impedimento, ó demostrada la no 
existencia de éste, en caso de denuncia, y no teniendo el Prefecto co- 
nocimiento de alguno, procederá á la celebración del matrimonio. 

Art. 17. — Se celebrará el matrimonio compareciendo ante el Pre- 



38 

fecto los contrayentes, acompañados cada uno de dos testigos mayores 
de edad y sin tacha legal : se dará lectura á los artículos i.° 20, 21, 22 y 
23 de esta Ley y preguntará á cada uno de los contrayentes si persiste 
en la resolución de celebrar matrimonio y si efectivamente lo celebra, 
y respondiendo ambos afirmativamente, extenderá el acta de matri- 
monio, que firmarán el Prefecto, los contrayentes, los testigos y el Se 
cretarío de la Prefectura. 

A petición de los interesados podrá hacerse constar en el acta los 
bienes que aporta al matrimonio cada uno de ellos y los convenios es- 
peciales que quieran hacer constar en el contrato, siempre que no se 
opongan á la moral, á la naturaleza del mismo y á las Leyes. 

Atr. 18. — El acta matrimonial se asentará con su número de orden, 
en un libro foliado y sellado y que tendrá el título siguiente : "Libro 
de matrimonios contraídos en la Prefectura de". . . . 

Art 19. — Con los documentos á que se ha hecho referencia y 
cuantos más se necesiten para la celebración del matrimonio, se forma- 
rá un legajo que, señalado con el mismo número con que figure en el 
Libro de Matrimonio, quedará en el archivo de la Prefectura. 

CAPITULO IV. 

DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LOS CONYUGUES 

Art. 20. — El marido debe protejer á la mujer y ésta obedecerle, 
debiendo ambos guardarse fidelidad, socorrerse mutuamente y atender 
al cuidado y educación de la prole. 

Art. 21. — El marido es el representante de su mujer, la que no 
podrá sin su licencia comparecer en juicio, enajenar sus bienes, ni obli- 
garse. Corresponderá asimismo al marido, la administración de los 
bienes de la sociedad conyugal, salvo estipulación en contrario. 
Art. 22. — No necesitará de esa licencia: 
Primero: Para otorgar testamento. 

Segundo : Para ejercer los derechos y cumplir los deberes respecto á 
los hijos legítimos ó naturales reconocidos que hubiese tenido de otro 
y respecto á los bienes de los mismos. 

Art 23. — Tampoco necesitará de esa licencia : Primero, para de- 
fender enjuicio criminal, ni para demandar ó defenderse en los pleitos 
contra su marido. 

Segundo : En la compra de efectos destinados al consumo de la 
familia. 

Tercero : En los casos de incapacidad del marido ó cuando éste 
estuviese ausente en ignorado paradero. 



39 
CAPITULO V. 

DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO Y DK SUS EFECTOS 



SECCIÓN PRIMERA 

De la nulidad del matrimonio. 

Art. 24. — Son nulos : 

Primero : Los matrimonios celebrados entre las personas á quie- 
nes se refieren los artículos 4. 9 , 5 . y 6. Q , salvos los casos de 
dispensa. 

Segundo : El contraído por error en la persona ó por coacción ó 
miedo grave que vicie el consentimiento. 

Tercero : El contraído por el raptor con la robada, mientras ésta 
se halle en su poder. 

Cuarto : El que se celebre sin la intervención del Prefecto y sin la 
presencia de los testigos exigidos en los artículos 12 y 17 ó sin el con- 
sentimiento á que se refiere el artículo 7. 

Art. 25. — La acción para pedir la nulidad, corresponde á los cón- 
yugues, al Prefecto y á cualquiera persona que tenga interés en ello. 
Se exceptúan los casos de rapto, error, fuerza ó miedo, en los que sólo 
podrá ejercitarla el cónyugue que los hubiese sufrido ; y el de impoten- 
cia en que la acción corresponderá á uno y otro cónyugue y á las per- 
sonas que tengan interés en la nulidad. 

Art. 26. — Caduca la acción para pedir la nulidad y se convalidan 
los matrimonios en sus respectivas casas, si los cónyugues hubiesen 
vivido juntos un día después de cumplida la edad en que no es nece- 
sario el consentimiento, ó durante tres meses después de desvanecido 
el error, ó de haber cesado la fuerza ó la causa del miedo, ó si reco- 
brada la libertad, en caso de rapto, no se interpusiese la demanda de 
nulidad dentro de dicho término. 

SECCIÓN SEGUNDA 
De los efectos de la nulidad 

Art. 27. — El matrimonio contraído de buena fe produce efectos 
civiles, aunque se declare nulo. Si sólo uno délos cónyugues ha in- 



40 



tervenido de buena fe, surte únicamente efectos civiles respecto de él 
y de sus hijos. Si hubiese intervenido mala fe por parte de ambos, 
sólo surtirá efectos respecto de los hijos. 

Art. 28. — Anulado el matrimonio, quedarán los hijos varones, 
mayores de tres años, al cuidado del padre, y las hijas al de la madre, 
si¡hubiese habido buena fe de parte de ambos. 

Si la buena fe hubiese estado de parte de uno sólo de los cónyu- 
gues, quedarán bajo su poder y cuidado los hijos de ambos sexos. 

Si la mala fe fuese de ambos, se les nombrará un tutor. 

En todo caso estarán al lado de la madre, los hijos é hijas meno- 
res de tres años. 

Art. 29. — La nulidad del matrimonio producirá respecto de los 
bienes, los mismos efectos que la disolución por muerte ; pero el cón- 
yugue que hubiese obrado de mala fe, no tendrá derecho á los 
gananciales. 

CAPITULO VI. 

DE LA DISOLUCIÓN DEL MATRIMONIO 



SCCION PRIMERA 
De la disolución del matrimonio 

Art. 30. — El matrimonio se disuelve : 

Primero : Por la muerte de uno de los cónyugues. 

Segundo : Por el divorcio. 

Art. 31. — Las causas legítimas del divorcio son: 

Primero : El mutuo disentimiento. 

Segundo : Enfermedad crónico-contagiosa, la impotencia absoluta 
é incurable y la locura. 

Tercero: El adulterio de la mujer, en todo caso, y el del marido 
cuando resulte escándalo público en menosprecio de la mujer. 

Cuarto : Los malos tratamientos de obra, ó los insultos graves. 

Quinto : La propuesta del marido para prostituir á su mujer. 

Sexto : El conato del marido ó de la mujer para corromper á sus 
hijos ó prostituir á sus hijas, y la connivencia en su corrupción ó pros- 
titución. 



41 



Art. 32.— El divorcio sólo puede ser pedido por el cónyugue ino- 
cente en los casos de culpa. 

Art. 33. — La sevicia da á la mujer el derecho de exigir al marido 
que, viviendo ambos separadamente, sostenga la carga del matrimonio. 

Si la mujer cometiera adulterio perderá este derecho. 

SECCIÓN SEGUNDA. 
Efectos del divorcio respecto á los hijos. 

Art. 34. — En caso de separación los menores de tres años deben 
quedarse con la madre; los impúberes mayores de tres años permane- 
cerán al lado del cónyuge inocente^ ó del que no haya querido la sepa- 
ración, según que estase verifique por culpa ó por enfermedad; excep- 
tuando el caso de locura en que quedarán al lado del no loco; si por 
mutuo disentimiento, deben los cónyuges ponerse de acuerdo sobre este 
punto. 

Art. 35. — Cumplidos los tres años, los hijos que hasta entonces 
estuvieren con la madre, quedarán sometidos á las diversas prescrip- 
ciones del artículo anterior. 

Art, 36. — Cumplidos los catorce años por el hijo varón y los doce 
por la hembra, cualquiera que fuera su anterior destino, ó si la separa- 
ción ocurriera al tener esa edad, pueden ir libremente con el uno ó el 
otro de los cónyuges; pero los hijos no podrán ir con la madre, si la 
separación tuviese lugar por las causas indicadas en los incisos 30 y 60 
ni con el padre en los casos 50 y 60 del artículo 31. 

SECCIÓN TERCERA. 

Efectos del divorcio respecto á los bienes. 

Art. 37. — En caso de separación voluntaria ó por enfermedad, no 
habiendo hijos, se pondrán de acuerdo los cónyuges ó se sujetarán á 
lo estipulado respecto de los bienes al contraer el matrimonio. Si hu- 
biese hijos pertenecerán á éstos los gananciales y la tercera parte de 
los bienes aportados por cada uno de los cónyuges. 

Art. 38. — Si la separaeión tuviese lugar por culpa y no hubiese 
hijos, coriesponderán al cónyuge inocente los gananciales y la cuarta 
parte de los bienes aportados por el culpable. La mujer perderá la 
dote que pasará á ser capital de los hijos. 



42 
CAPITULO VIL 

DISPOSICIÓN ES COMUNES Á LOS CAPÍTULOS ANTERIORES. 

Art, 39. — Las demandas de Divorcio y Nulidad se presentarán 
ante el Prefecto del lugar de la residencia de los interesados, que las 
oirá y fallará previo dictamen del Auditor de guerra correspondiente. 

Art. 40. — Disuelto ó anulado el matrimonio, tienen los separados 
derecho de contraer nuevo enlace. 

CAPITULO VIII. 

DISPOSICIÓN FINAL. 

Art. 41. — Quedan derogadas todas las disposiciones que se opon- 
gan á lo preceptuado en la presente Ley. 

Patria y Libertad. — Setiembre 14 de 1896. 

El Secretario de Relaciones Exteriot es. 

R. M. Portuondo. El Secretario del Interior, 

Dr. Santiago García Cañizares. 

De conformidad con la presente Ley, la sanciono en todas sus 
partes. Promulgúese en la forma legal. 

Patria y Libertad. — Setiembre 16 de 1896. 

El Presidente, 
Salvador Cisnkros y Betancourt. 



ACUERDOS 



ACUERDOS 



El Consejo de Gobierno, en sesión celebrada el día catorce del co- 
rriente, acordado hacer valer y dar la mayor publicidad al acuer- 
do tomado en veinte y cuatro de octubre de 1895, sobre las consi- 
deraciones militares que deben disfrutar los miembros del Consejo 
de Gobierno y los empleados de Gobierno Civil y Aministración 
de la República, que quedó modificado en la forma siguiente: 

ACUERDO. 

Consideraciones. 

El Presidente Generalísimo del 

Ejército. 

Vice-Presidente Mayor General. 

Secretario de Pastado Mayor General. 

Secretario del Consejo Brigadier. 

Gobernador Civil j 

Administrador de Hacienda > Coronel. 

Jefe de despacho de las Secretarías de Estado . J 

Teniente Gobernador • . ") 

Delegado de Hacienda „ , 

c °. . j r u- r- -i : Comandante. 

Secretario de Gobierno Civil 

Secretarios de Administración de Hacienda. . 

Prefecto "i 

Director de periódico . • . . | 

Regente de imprenta I 

Inspector de costas \ Capitán. 

Inspector de postas ¡ 

Inspector de comunicaciones | 

Inspector de talleres j 



46 

Sub- Delegado Hacienda ~| 

Secretario de Tenencia de Gobierno 

Secretario de Delegación de Hacienda. . . . . ¡ 

Sub-Inspector de costas I T • 

Jefe de talleres de dos ó más industrias . . . f emen e - 

Auxiliares de Secretaría del Consejo I 

Auxiliar de Tenencia de Gobierno | 

Auxiliar del Gobierno Civil ) 

Sub-Prefecto ] 

Secretario de Prefectura 

Secretarios de inspecciones | 

Jefe de postas •-.... l AIferez 

Jefe de comunicaciones f 

Maestros de taller I 

Auxiliar de dirección de periódicos ¡ 

Auxiliar de imprenta ] 

Jefe de Salinas Sargento. 

Operarios de talleres 1 .-, „ , 

Operarios de imprenta Sargento, Cabo o 

Vigilantes de costas Soldado, según sus 

Postillones • me ' ,to /' s,em J° 

Correos clasificados en de 

Salineros J i?, ¿a y 3? clase. 



Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Yivanco. 

La sanciono en todas sus partes. Promulgúese en la forma legal. 
Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Presidente, 
Salvador Cisnekos Betanootjkt. 



47 

Él Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día 14 del corrien- 
te, acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al acuerdo tomado 
en 26 de noviembre de 1895, y que es como sigue: 

ACUERDO. 

Se comunicará á todos los jefes del ejército que cualquier orden ó dis- 
posición emanada de este Consejo, y trasmitida á ellos, sea trans- 
crita en la orden del día, para que dada á conocer á todos, tenga 
más exacto cumplimiento. 

Lo que se publica para conocimiento general. 

Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Vivanco. 



El Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día catorce del corrien- 
te, acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al acuerdo toma- 
do en 9 de marzo del corriente año, y que es como sigue: 

ACUERDO. 

Como operación de suma importancia se dictará una orden ge- 
neral para que el ganado inmediato á las poblaciones ó fuertes enemi- 
gos sea retirado y repartido, para su cuidado, entre los vecinos de 
las Prefecturas, dándoles instrucciones á los Prefectos para que 
sean utilizados sus productos en beneficio de la República. 

Patria y Libettad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Vivanco. 

Sancionada en todas sus partes. Promulgúese en la forma legal. 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancoürt. 



48 



El Consejo de Gobierno, en sesión celebrada el día 14 del corriente,. 
acordó hacer y dar la mayor publicidad al acuerdo tomado en 9 
de mayo, y que es como sigue : 

ACUERDO. 

Todos los individuos que lleguen en expediciones, tendrán derecho- 
á portar las armas que personalmente conduzcan, hasta ingresar en el 
Cuerpo á que definitivamente sean destinados. 

Lo que se publica para conocimiento general. 

Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo, 
José Clemente Tivanco. 



El Consejo de Gobierno, en sesión celebrada el día 14 del corriente, 
acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al acuerdo tomado 
en 19 de mayo del corriente, y que es como sigue: 

ACUERDO. 

La antigüedad en los despachos de jefes y oficiales, se hará 
constar desde la fecha de su ingreso en este nuevo Ejército Libertador, 
atendiendo al día de su embarque en el Extranjero, si procede de ex- 
pedición, ó al día en que se puso á las órdenes del Gobierno ofreciéndole 
sus servicios. 

Lo que se publica para conocimiento general. 

Patria y Libertad. — Septiembre 16 del 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Yivanco. 



El Consejo de Gobierno, en sesión celebrada el día 14 del corriente, 
acordó hacer valer y dar la mayor publicidad á los acuerdos toma- 



4:9 

dos en 23 de mayo, que quedarán redactados en la siguiente 
forma : 

ACUERDO. 

Primero. — Todo individuo procedente de las filas enemigas que 
venga con armas y municiones á engrosar las filas del Ejército Liber- 
tador, se le gratificará con diez pesos sesenta centavos oro al hacer la 
entrega del arma y pertrechos que conduzca. 

Segundo. — A más de reconocerle el grado militar que en dichas 
filas tuviese, se le recompensará, al constituirse definitivamente la Re- 
pública, con un lote de terreno para su cultivo que constará de sesenta 
mil varas planas. 

Tercero. — Sus familias serán trasladadas á la Isla por cuenta de la 
República. 

Lo que se publica para conocimiento general. 

Patria y Libertad. — Mayo 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Vivajtco 
El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancourt. 



El Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día 14 del corriente, 
acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al acuerdo tomado 
en 13 de julio como ampliación al que se tomó en 10 de mayo úl- 
timo, y que es como sigue : 

ACUERDO. 

Primero. — Queda prohibida en absoluto toda operación agrícola, 
preparatoria de la zafra venidera, como son la siembra, el chapeo y el 
cuidado de los campos de caña. 

Segundo. — Queda prohibido en absoluto la realización de la 
zafra de 1896 á 1897. 



50 

Tercero. — Los que infringieran estas disposiciones serán conside- 
rados como traidores y condenados á muerte en la forma que establez- 
can nuestras leyes penales. 

Cuarto. — Serán incendiados los campos de caña, destruidos los ba- 
teyes, confiscadas todas las fincas, (ingenios, centrales y colonias) que 
cultiven sus campos de caña, ó se preparen ó intenten ó principien á 
moler. 

Quinto. — La confiscación se hará efectiva aplicando el valor de 
esas propiedades, íntegro, el día del triunfo de la Revolución, al pago 
de las deudas que ésta hubiere ocasionado y á las demás atenciones 
á que legalmente se destinaren. Llegado ese caso no se reconocerá la 
eficacia y validez de ningún acto de enagenación, gravamen, ni em- 
bargo, posteriores al derecho de 15 de mayo último. 

Sexto. — Los presentes acuerdos se comunicarán al General en Jefe 
para que, como medida de guerra, los haga circular á todos los jefes del 
Ejército y haga que por todos sean cumplidos ; y se harán circular 
también entre todos los empleados civiles de la República para que los 
conozcan, los hagan conocer de todo el mundo y cooperen á su cumpli- 
miento. 

Séptimo. — El Jefe militar ó civil que no coopere por todos los 
medios á su alcance, al cumplimiento extricto de estos acuerdos, incu- 
rrirá en las penas que señalen nuestras leyes penales, próximas á ser 
publicadas. 

Octavo. — Estos acuerdos se publicarán en todos los periódicos de 
la República, se remitirán al extranjero para que se hagan conocer y 
publicar extensamente y se impriman en hojas sueltas para hacerlos 
llegar profusamente al territorio enemigo. 

Lo que se hace público para conocimiento general. 

Patria y Libertad.— Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo, 
José Clemente Vivanco. 
Sancionada en todas sus partes. Promulgúese en la forma legal. 
Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896. 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancoürt. 



51 

El Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día catorce del corrien- 
te, acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al siguiente 

ACUERDO. 

Primero. — Que se amplíe el acuerdo de este Consejo, fecha 13 de 
julio último, por el que se prohibe efectuar zafras en las fincas azucare- 
ras, mientras exista el actual estado de guerra, extendiéndose la prohi- 
bición á todo aquello en que pueda obtener recursos el tesoro del 
enemigo, como son: industrias, comercios y cualquiera otra clase de 
explotación agrícola. 

Segundo. — Que se prohiba toda comunicación con el territorio 
ocupado por el enemigo, exceptuándose aquellas absolutamente nece- 
sarias para conocer sus planes y movimientos y mantener la correspon- 
dencia con el extranjero, cuyas comunicaciones solo pueden establecer 
el Consejo de Gobierno, el General en Jefe, el Lugar Teniente General 
y los Jefes de Departamento y de Cuerpos de Ejército; siendo conside- 
rado como traidor y juzgado por tribunal competente, todo aquel que 
lo haga sin esa autorización. 

Tercero. — Los dueños de fincas ó sus representantes legales, en 
caso de pertenecer éstas á sociedades anónimas, entregarán, como em- 
préstito forzoso, en las cajas de esta Secretaría de Hacienda ó en la 
Tesorería de la Delegación Plenipotenciaria en New York, la cantidad 
á que ascienda el 2 por ciento del valor de las fincas con todas sus 
anexidades, que devengará el 6 por ciento de interés anual, recibiendo 
en garantía de esa suma, á voluntad de los interesados, documentos 
directos de esta Secretaría ó bonos de los emitidos por la República, 
sujetándose en este caso á lo prescrito en ellos respecto á la forma del 
pago del principal é intereses, y en todo caso á recibir el reintegro de 
la suma prestada y sus interés después de constituida definitivamente 
nuestra República. La cantidad que á cada finca haya correspondido, 
deberá ser hecha efectiva antes del 30 de noviembre próximo, y en su 
virtud serán respetadas y consideradas las mismas como propiedades 
de la República. 

Cuarto. — Los que sin causa suficientemente justificada no hubie- 
sen efectuado la entrega de la cantidad que les corresponde, al ven- 
cerse el plazo, se les considerará como enemigos de la patria y serán 
totalmente destruidas sus propiedades ; y aquellas que por cualquier 
evento no se destruyesen, se considerarán confiscadas en beneficio de 
la República, y se destinarán al pago de la deuda que ésta contrajere. 



52 



declarándose nulo cualquier acto de enagenación, gravamen, embergo, 
etc., de las mismas, realizado con posterioridad á este acuerdo. 

Quinto.— Los dueños de fincas que efectuaron la zafra próxima 
pasada, contraviniendo nuestras leyes y sin hacer efectiva la contribu- 
ción correspondiente, deberán satisfacer además de la suma con que 
deben inscribirse en este empréstito, la cantidad á que ascienda el 
impuesto de cinco centavos oro por arroba de azúcar de cualquier clase 
elaborada,, y cuatro pesos oro por cada pipa de alcohol de treinta grados 
que abonarán dentro del mismo plazo; vencido el cual, si no se hubiese 
efectuado la entrega, se procederá á la completa destrucción de sus 
propiedades, quedando comprendidas en las demás generales del pá- 
rrafo Cuarto. 

Lo que se publica para conocimiento general. 

Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896, 

El Secretario de Hacienda, 
Severo Pina. 



El Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día 14 del corriente, 
acordó hacer valer y dar la mayor publicidad al acuerdo tomado 
en 7 de agosto del corriente, que es como sigue : 

ACUERDO. 

Primero. — Todos los ciudadanos de la República, están obligados 
á cumplir y hacer cumplir los acuerdos tenidos por el Consejo de Go- 
bierno y que se publiquen con la sanción del Presidente. 

Segundo. — Todo ciudadano tiene derecho de petición, pudiendo 
en su consecuencia dirigirse al Consejo de Gobierno en solicitud de la 
promulgación, reconsideración, reformas ó derogación de cualquier 
acuerdo : solicitud que será oída y resuelta conforme haya lugar ; que- 
dando, no obstante, obligatorios todos los acuerdos, mientras no se 
promulgue su derogación. 

Tercero. — El derecho de legislación sólo reside en el Consejo de 
Gobierno. 

Lo que se hace público, para conocimiento general. 

Patria y Libertad.— Septiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Vi v anco. 



53 



El Consejo de Gobierno, en sesión celebrada el día 14 del corriente, te- 
niendo presente que, según la Ley de Organización Militar, queda 
establecido el grado de General de División que no existía, cuando 
en 2 de diciembre de 1895, se acordó los sueldos que debían dis- 
frutar los militares y empleados de la República, acordó modificar 
el acuerdo de esa fecha, que quedará redactado en la forma si- 
guiente : 

ACUERDO. 

Mayor General Tendrá el sueldo de. . . . 500 pesos 

General de División " " mensual 450 

Brigadier " " " 400 

Coronel " " " 325 

Teniente Coronel " " " 275 

Comandante " " " 220 

Capitán " " " 1 30 

Teniente " " " 100 

Alférez " " " 90 

Sargento primero " " " 60 

Sargento segundo " " " 50 

Cabo ■ ■ " " 4° 

Soldarlo " " " 30 

Patria y Libertad. — Setiembre 16 de 1896. 

El Secretario del Consejo y Canciller, 
José Clemente Yivanco. 

Lo sanciono en todas sus partes : Promulgúese en la forma legal. 
Patria y Libertad. — Septiembre 16 de 1896, 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancourt. 



MANIFIESTO A LAS REPÚBLICAS 

LATINO-AMERICANAS. 



GOBIERNO PROVISIONAL 



DE LA 



REPÚBLICA DE CUBA, 



A LAS REPÚBLICAS DE LA AMER5CA LATINA. 



El 24 de febrero de 1895 tomaron de nuevo las armas los patriotas 
cubanos, para romper definitivamente el vínculo político que sujeta el 
pueblo de Cuba á la monarquía de España. En el mes inmediato de 
septiembre, sus armas victoriosas habían llevado la bandera de la liber- 
tad desde el extremo oriental de la isla á los linderos de la provincia de 
Matanzas. Las tres cuartas partes del territorio de la colonia estaban 
en armas contra el poder español, y sus habitantes eligieron delegados 
para constituir un gobierno, como primera expresión de su soberanía. 

En los históricos campos de Jimaguayú se reunió la Asamblea 
Constituyente, que redactó una Constitución provisional, adecuada á 
las necesidades de la guerra, y declaró constituida la República de 
Cuba. El poder supremo del nuevo Estado se confirió á un Consejo 
de Gobierno, compuesto de un Presidente, un Vicepresidente, y 
cuatro Secretarios encargados del despacho de los asuntos de Guerra, 
Hacienda, Interior y Relaciones Exteriores. Para llenar estos cargos 
fueron electos los ciudadanos Salvador Cisneros Betancourt, Presi- 
dente ; Bartolomé Massó, Vicepresidente; general Carlos Roloff, Secre- 
tario de la Guerra ; licenciado Severo Pina, Secretario de Hacienda ; 
doctor Santiago García Cañizares, Secretario del Interior ; y licenciado 
Rafael Portuondo Tamayo, Secretario de Relaciones Exteriores, Para 
el mando en Jefe de las fuerzas cubanas fué designado el general Máxi- 
mo Gómez, y el general Antonio Maceo, para Lugarteniente. La repre- 
sentación del gobierno de la República en el extranjero se encomendó 



58 

al ciudadano Tomás Estrada Palma, con el título de Delegado Pleni- 
potenciario. 

Después de estos sucesos, el éxito militar de la revolución ha supe- 
rado todas las esperanzas. Los ejércitos de la república invadieron 
con incontrastable empuje las provincias de Matanzas, la Habana y 
Pinar del Río, desbaratando las fuerzas españolas, burlando los planes 
de sus generales, y en pocos días llegaron al extremo occidental de la 
Isla, sublevando el país en masa. La marcha del Ejército invasor por 
el territorio de Occidente fué un verdadero paseo triunfal. Las pobla- 
ciones se precipitaban al encuentro de nuestros soldados, y la adhesión 
al pueblo, en las comarcas que se estimaban el baluarte de la sobera- 
nía de España, ha coronado el éxito militar con el más completo 
triunfo político. 

Ante este resultado, que sería asombroso si no estuvieran paten- 
tes las causas que lo han producido, es imposible desconocer que el 
pueblo de la colonia tiene la firme voluntad de cambiar de condición 
política, completando su desarrollo histórico, cual en su día lo comple- 
taron las naciones hermanas del Continente, y elevándose á la digni- 
dad de Estado. Así como ha demostrado del modo más enérgico que 
no retrocederá ante ningún sacrificio, por mantener su personalidad y 
su independencia políticas. 

Teniendo esto presente, el gobierno de la República de Cuba ha 
creído deber suyo dirigirse á los otros Estados americanos, que tienen su 
mismo origen, para exponerle los graves motivos que lo han llevado á 
apelar á la guerra á fin de constiturse; y para expresarles sus gratas 
esperanzas de que encontrará en ellos una gran fuerza moral que lo 
ayude eficazmente á poner término al sangriento conflicto en que está 
empeñado. De la sabiduría de los pueblos libres de la América Lati- 
na espera el reconocimiento de que, por encima de las fronteras nacio- 
nales, se extienden vínculos anteriores á las formas políticas y más 
permanentes, constituidos por la comunidad de origen, de historia y de 
idioma y por la semejanza de costumbres y creencias que de esa comu- 
nidad se deriva. De ellos resulta que la tranquilidad y la prosperidad 
de un pueblo americano son factores importantes de la vida de todos ; 
haciendo que no sea un concepto vacío el de la solidaridad americana. 

Hay una especie de deber internacional en el mantenimiento de 
la paz. Cuando un pueblo apela á la guerra, no ha ser sino en el caso 
de que pueda justificar su conducta á los ojos y ante la conciencia de 
los demás pueblos, en tal manera que ninguno pueda negarle la razón 
que le ha asistido para valerse de ese recurso extremo de demandar el 
derecho. Cuba se encuentra en este caso. La organización política 



59 

que le ha impuesto España, lejos de responder á los fines fundamenta- 
les y permanentes de la constitución del poder público, la depaupera, 
la degrada, la desmoraliza y la entrega á incesantes convulsiones y 
trastornos, que son amenaza perpetua para su fomento y cultura. 

España niega al cubano el ejercicio del poder político en su propio 
país. Sólo el 3 por ciento de total de sus habitantes disfruta del dere- 
cho de sufragio, y dentro de esta risible proporción todavía, por ama- 
ños de la ley, logra que la inmensa mayoría de los electores sean 
los inmigrantes peninsulares. Éstos, en consecuencia, representan á 
Cuba en el Congreso español, y se han apoderado del manejo exclu- 
sivo de los asuntos municipales y provinciales en todo el país. Ade- 
más del poder político, España ha puesto la fuerza militar en manos de 
estos inmigrantes, que constituyen un verdadero ejército de ocupación. 
La Metrópoli á su arbitrio mantiene además en la colonia las fuerzas 
de mar y tierra que estima convenientes, y hasta la policía de las ciu- 
dades y de los campos la pone en mano de institutos armados que, en 
tiempo de paz, disfrutan de las mismas facultades arbitrarias que en 
tiempo de guerra. 

La administración de justicia es una máquina de opresión, y no 
una ga-antía para la hacienda, la honra, la seguridad y los derechos 
del ciudadano La judicatura, casi en su totalidad, está en manos 
de los españoles; y los jueces se consideran meros instrumentos de 
gobierno. 

Con el poder político, el poder militar y el poder judicial en sus 
manos, la Metrópoli ha impuesto á la colonia una administración buro- 
crática, que es un pillaje organizado, y la ha sometido á la más com- 
pleta servidumbre mercantil. Los impuestos que han pesado sobre 
Cuba, sin verdadera representación del contribuyente, desde la termi- 
nación de la guerra en 1878, hasta la fecha, pasan de quinientos millo- 
nes de pesos fuertes. Y como si ésto fuera poco, todavía el gobierno 
español ha hecho gravitar sobre Cuba una deuda superior á la de los 
demás países del mundo. A esta explotación desapoderada, con forma 
legal, se une la explotación ilegal dé los empleados, gente extraña al 
país y completamente irresponsable. Sólo en el ramo de aduanas, se 
ha calculado que desde 1878 á 1894 se habían robado los agentes del 
fisco doscientos millones. 

España ha hecho de los aranceles de Cuba una apretada malla, 
que cieira el paso al comercio extranjero. A fines del siglo XIX, y 
en un país cuyo régimen industrial demanda imperiosamente la liber- 
tad de comercio, nos impone el gobierno metropolítico el abominable 
sistema colonial, que fué una de las principales causas de la guerra de 



60 

emancipación del Continente. A la sombra de este arancel monstruo- 
so, el comercio de algunas provincias de España, impone la ley en el 
mercado cubano ; y, como si no le bastara el monopolio, se enriquece 
añadiéndole el fraude, en perjuicio del fisco y en contra, directa ó indi- 
rectamente, de nuestros consumidores. 

Un pueblo que no dispone del producto de su trabajo, que no 
interviene en la gestión de su hacienda propia, que recibe todas sus 
leyes de un pueblo extraño y tiene toda su administración en manos 
de gente forastera, es un pueblo completa y radicalmente esclavo. 
Jamás ha existido, ni se concibe que pueda existir, tiranía más cabal. 
Dado ese régimen, á nadie puede sorprender que en Cuba no exista la 
seguridad personal y que no haya garantía alguna para los derechos 
del ciudadano. Ni tampoco, que á pesar de la extraordinaria labo- 
riosidad y el espíritu de empresa de sus hijos, las crisis económicas se 
sucedan en Cuba y la hayan reducido á los bordes de la ruina. 

Era necesario que el pueblo cubano hubiera caído en total degra- 
dación y hubiese perdido todo incentivo á mejorar de estado y aspirar 
al progreso, para presumir que pudiera tolerar, sin revelarse, régimen 
tan asfixiante, ruinoso y desmoralizador. No ha sido así, por suerte. 
Ni los llamamientos de la dignidad, ni el ejemplo de América han sido 
perdidos para él. Hace más de cincuenta años que Cuba lucha, de 
todas las maneras, con la exhortación, con la pluma y con la espada, 
para derrotar la tiranía de España, y sustituirla poi un gobierno pro- 
pio, que sea garantía de orden y de libertad. 

Esta lucha no ha de cesar mientras España no desista de su teme- 
rario empeño de ahogar por la fuerza y estorbar nuestras legítimas 
aspiraciones. De este modo, Cuba, y no por culpa suya, ha sido y es 
hoy todavía un factor de desorden y un peligro en el concierto de los 
pueblos americanos. 

El interés supremo de América, de la América hispano-lusitana, 
ante todo, consiste en qne cese de ser Cuba campo sangriento, donde 
estén periódicamente en pugna la libertad americana y el despotismo 
europeo. Lejos de fortalecerse, se quebranta nuestra raza en América 
con estas guerras tremendas. España tiene que ser mirada con recela 
y disgusto por sus antiguas colonias, mientras la vean empeñada en 
mantener en tierra americana el mismo régimen opresor que le enage- 
nó la voluntad de las naciones del Continente, y las obligó á romper 
los lazos políticos que en un tiempo las unían. Cuba, libre y próspera,, 
será un elemento de prosperidad y seguridad páralos pueblos ameri- 
canos de su mismo origen. Cuba, desangrada y arruinada, puede ser 
presa fácil para razas, si no atagónicas, diversas. 



61 

Aquí aparece claro el gran interés de los pueblos latino-americanos 
en intervenir, con su consejo é influencia, para apresurar la hora de 
nuestra constitución definitiva como Estado. Si se deciden á poner 
su fuerza moral al servicio de esta gran obra, habrán prestado un va- 
lioso servicio á Cuba y España, y habrán sido previsoras en provecho 
propio. 

El momento es propio y oportuno. Entregadas á sí mismas las 
naciones americanas, libres del despotismo español, han podido culti- 
var con su antigua Metrópoli, sin desagrado ni indignidad, las rela- 
ciones materiales y mentales que son siempre más fácil entre pueblos 
de la misma cepa y procedencia. Las pasiones hostiles se han suavi- 
zado. España ha reconocido al cabo que sus antiguas colonias procedie- 
ron cuerda y legítimamente al constituirse en naciones soberanas. 
Llega la hora en que éstas vean cuál es el peso de su voz y de su in- 
fluencia en los consejos de España, en una cuestión esencialmente 
americana y esencialmente idéntica á la que se planteó cuando ellas 
mismas plantearon su evolución política. Al intervenir para que Es- 
paña reconozca la independencia de Cuba, poniendo término á la efu- 
sión de sangre y á la destrucción de las propiedades, que depaupe- 
ran y debilitan una porción importante de la América-latina, afirmarán 
una vez más su adhesión al principio á que deben su existencia como 
Estados, y su derecho á ser oidas en un asunto internacional, que toca 
tan de cerca al porvenir de la raza que las puebla y cuya representa- 
ción llevan en el Nuevo Mundo. Al mismo tiempo darán muestras de 
verdadero interés por España y de confraternidad respecto á Cuba. 
No puede concebirse acto de política más elevada, previsora y 
humana. 

Cuba, por su parte, está resuelta á conquistar su independencia, 
aunque para ello tenga que apelar á las más terribles extremidades. 
Pero, en estos momentos en que sus armas se pasean victoriosas por 
toda la isla, y cuenta con la adhesión de todos sus hijos para nutrir sus 
ejércitos y proveerlos de todos los elementos de guerra, aun á costa de 
los mayores sacrificios, quiere demostrar á los pueblos hermanos de la 
América Libre su disposición á la paz ; é invita á sus gobiernos para 
que interpongan sus buenos oficios con España, á fin de poner térmi- 
no á la guerra, en condiciones que nos aseguren á nosotros nuestra 
soberanía, y á España las compensaciones que puedan hacerle menos 
gravosa la pérdida territorial que de todos modos ha de sufrir. 

No nos toca más que hacer estas sumarias indicaciones. A la 
gran cordura y amor á la libertad de los representantes de las Repú- 
blicas hispano-latinas nos confiarnos; seguros deque sabrán apreciar la 



62 



alteza de nuestras intenciones, la firmeza de nuestro derecho y la 
mutua conveniencia para tantos pueblos afines y solidarios, de que la 
independencia de Cuba, cimentada con la sangre y los esfuerzos de 
los cubanos, se corone por la intervención y acuerdo de todos los 
Estados de nuestra propia raza. 

El Presidente, 
Salvador Cisneros Betancotjrt. 

El Secretario de Relaciones Exteriores,. 
Rafael M. Portuondo. 




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.212009 






















































































































Cn,m ñín K1Q